Psique y Cine: OK, Está bien…

La película OK, está bien de Gabriela Ivette Sandoval (2020) ofrece un agudo estudio a través de la figura de Mariano, su protagonista, cuya conflictiva relación con la madre constituye el núcleo estructurante de su malestar psíquico. Desde una lectura psicoanalítica, el filme despliega con sutileza cómo los vínculos primarios configuran nuestra subjetividad, y cómo sus fracturas pueden emerger bajo la forma de ansiedad, aislamiento y una profunda dificultad para establecer relaciones auténticas.
Mariano encarna al sujeto contemporáneo atrapado en una paradoja del deseo: anhela vínculos afectivos, pero su angustia lo retrae; busca autonomía, aunque permanece atado, de manera inconsciente, a los mandatos maternos. Su reiterada expresión “OK, está bien” no es mera resignación: puede leerse como un mecanismo de defensa, una formación de compromiso en términos freudianos, que enmascara un sufrimiento más profundo. Este dolor retorna a través del cuerpo, en forma de síntomas: temblores, miradas esquivas, una postura encogida y defensiva que expone su repliegue emocional. Desde la teoría lacaniana, Mariano aparece alienado en el lenguaje del Otro materno, inmerso en una estructura discursiva que no le pertenece, incapaz aún de enunciarse desde su propio deseo.
La figura materna, aunque presente de forma tenue, adquiere un peso simbólico abrumador. En clave lacaniana, representa al Otro primordial: aquella instancia desde la cual el sujeto espera reconocimiento y legitimación. Sin embargo, en *OK, está bien*, esa función aparece fallida. Ya sea por ausencia emocional o por una presencia invasiva, la madre no logró ser, en términos de Winnicott, ese objeto suficientemente bueno que permite al infante construir una identidad estable. Las escenas que comparten madre e hijo están plagadas de silencios densos, diálogos truncados y miradas que rehúyen el contacto. Actos fallidos, todos ellos, que revelan más que cualquier palabra dicha.

El cuerpo de Mariano deviene entonces escenario del conflicto inconsciente. Sus ataques de pánico pueden interpretarse como formas de conversión histérica, en las que lo reprimido retorna en forma somática. Su lenguaje corporal, hombros vencidos, brazos cruzados sobre el pecho, una corporalidad que se encierra sobre sí misma, sugiere, de modo tácito, la búsqueda inconsciente de una contención afectiva no recibida, de un abrazo materno que fue insuficiente, inoportuno o inadecuado.
El desenlace abierto de la película plantea la interrogante central: ¿será capaz Mariano de elaborar su conflicto edípico, de separarse simbólicamente del discurso materno e instaurar su propia voz? Sandoval no ofrece respuestas cerradas ni redenciones fáciles. Por el contrario, muestra con honestidad cómo estos lazos primarios nos habitan más allá de la distancia física, modelando, a veces con ternura, a veces con dolor, nuestras formas de estar en el mundo.
En su ambigüedad deliberada, *OK, está bien* no busca la catarsis, sino la confrontación. Mariano, como tantos, permanece suspendido entre la necesidad de cortar el vínculo simbiótico con su madre y el miedo inconsciente a quedar radicalmente solo. La apuesta de Sandoval no es terapéutica, sino analítica: mostrar sin juzgar, confrontar sin resolver. La película se inscribe así en una tradición cinematográfica que no solo representa el inconsciente, sino que lo interpela directamente en el espectador, invitándolo, como en todo buen análisis, a completar, interpretar y elaborar por sí mismo aquello que las imágenes apenas sugieren.

Ficha técnica
Título original:
OK, Está bien…
Año:
2020
País:
México
Dirección:
Gabriela Ivette Sandoval
Reparto:
Roberto Andrade Ceron, Gabriela de Corzo, Angel Alvarado, Isabella Argudín y Fermín Martínez
Género:
Comedia